El Índice de Participación de las Mujeres (IPM) construido por el Equipo Latinoamericano de Acceso a la Justicia (ELA) brinda datos numéricos sobre la participación de las mujeres desde puestos de máxima decisión en política, economía y sociedad. El objetivo es identificar la proporción de género entre quienes ocupan puestos de máxima decisión en gobierno, órganos legislativos, poder judicial, partidos políticos, sindicatos, empresas y organizaciones de la sociedad civil. La investigadora Lucía Martelotte describió a lo largo de su exposición los ejes de investigación y los detalles de la selección de muestras representativas para el análisis.

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   El IPM indica el porcentaje de participación femenina según cuántos de cada diez puestos de mando son ocupados por mujeres. Según datos de la División de Población (ONU), el porcentaje de mujeres en la población mundial actual llega al 49.6 %. En esta proporción está la base del reclamo de las mujeres por equidad en todos los órdenes y ámbitos de la vida social. Lucía Martelotte es analista y consultora en temas relacionados con la igualdad de género y los derechos de las mujeres, con experiencia de trabajo y colaboración con organismos internacionales como CEPAL y ONU Mujeres. “En América Latina –explica- las mujeres encontramos muchísimas dificultades para acceder a los espacios de máxima decisión en los gobiernos locales. Nos pareció importante en Argentina, como país federal, tomar no solamente los puestos de máxima decisión a nivel nacional, sino también poder ver qué es lo que pasa en las provincias y municipios. Nos parece importante preguntarnos qué es lo que sucede a nivel local, en los espacios más cercanos a la ciudadanía. En los ítems en que fue posible, tomamos la totalidad de los cargos de máxima decisión. En cuanto fue necesario, realizamos un recorte seleccionando muestras representativas, tratando de que los datos sean fieles a lo que sucede en todo el país. El Índice de Participación de las Mujeres que elaboramos es la síntesis del relevamiento de más de 5.000 puestos en todo el país, en más de 4.000 instituciones.”

    “A nivel política observamos los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial. ¿Cómo fue que operamos? A nivel de poder ejecutivo analizamos cargos de presidencia y vicepresidencia, en el caso argentino ocupado por una mujer. También miramos qué era lo que sucedía en las gobernaciones, cuántas provincias tenían gobernadoras mujeres. En este caso (estamos hablando del año 2010) solamente había una gobernadora mujer, en Tierra del Fuego. Actualmente este número ha variado, tenemos cinco gobernadoras.  En el campo de  los ejecutivos municipales seleccionamos una muestra representativa de 400 municipios en los que medimos cuántos estaban liderados por mujeres. En el poder legislativo tomamos el Congreso Nacional, donde vemos una importante representación de las mujeres. También tomamos los poderes legislativos provinciales y concejos deliberantes en las capitales de las 24 provincias. A nivel del poder judicial medimos la Corte Suprema de Justicia de la Nación y las cortes provinciales. A nivel de partidos políticos tomamos los 333 partidos políticos que en ese momento tenían representación en el Congreso y que estaban reconocidos por la Cámara Nacional Electoral, que es el ente encargado de la fiscalización de los partidos políticos.”

    “¿Qué sucedía en  la economía y la sociedad? Nos parecía importante  tener en cuenta la representación de las mujeres no solamente en el ámbito político; sino también en  otros espacios de poder. En la economía no podíamos tomar todas las empresas argentinas porque son muchas. Es información que no está sistematizada. Tomamos una muestra representativa de las 1.000 empresas más importantes en la Argentina con cotización en Bolsa y reconocidas por el Mercado de Innovación Argentina.  También tomamos 134 puestos de cámaras empresariales. En la sociedad nos interesaba saber qué es lo que sucedía en los sindicatos (que también es un actor fundamental)  y qué es lo que sucedía  en las organizaciones de la sociedad civil. En los sindicatos trabajamos con una muestra representativa de 240 sindicatos, y en las organizaciones de la sociedad civil -como no existe un registro nacional- lo que hicimos fue trazar una demarcación en la Red Argentina de Cooperación Internacional que nuclea organizaciones de la sociedad civil de todo el país. Nos fijamos cuántas de estas organizaciones de la sociedad civil, de diferentes composiciones, tamaños y temáticas, estaban dirigidas por mujeres. Así fue que construimos nuestro IMP, o Indicador de Participación de las Mujeres, en donde condensamos toda la información de estos tres ejes de Política, Economía y Sociedad.”

Analizando los datos

   “¿Cuáles son los principales resultados de este IPM? A nivel general, de estos 5.571 puestos que relevamos en Argentina el porcentaje que está ocupado por mujeres es un  15.2 %. Entonces, según el Índice: ¿cuántos puestos están ocupados por mujeres? Nos da sólo dos puestos de máxima decisión de cada diez. Sabemos que las mujeres somos el  50 % del electorado. Somos el  50 %  la población que participa en partidos políticos, sindicatos y organizaciones de  la sociedad civil. El 50 % del total de la población, y lo que nos muestran estos datos es que estamos bastante lejos de ese 50 % de presencia en la toma de decisiones.” Según comentó la investigadora, el carácter diferenciado del estudio para los distintos ámbitos ha permitido evaluar en cuáles la participación de las mujeres presenta mejor aspecto, así como también señalar en dónde necesitamos trabajar más. Lucía Martelotte destacó en primer lugar que “donde las mujeres tenemos una mayor representación es en el ámbito de la política: un 18.7 % de los puestos de  máxima decisión en los niveles ejecutivo, legislativo y judicial está ocupado por mujeres. Lo que esos datos nos están mostrando es que lo que «tracciona para arriba», lo que hace que  tengamos este  18.7 % es justamente la Ley de Cupo Femenino. Donde mayor porcentaje de mujeres hay es en el  poder legislativo. Y no es un dato menor, ya que donde no existen estas acciones afirmativas, la presencia de las mujeres es  mínima. Por ejemplo, en el ámbito social los datos nos muestran que las mujeres representamos el  8,1 % de quienes estamos en los sindicatos y organizaciones de la sociedad civil. Esto ocurre aun cuando tenemos una Ley de Cupo Sindical desde el año 2002… que sin embargo se incumple sistemáticamente. Los datos del año 2010 nos muestran que solamente hay  8,1 % de mujeres en el ámbito social.”

   “¿Y qué es lo que pasa en la economía –prosigue-, que es un ámbito fundamental para nuestros países? Si miramos el IPM, donde la participación de las mujeres es más crítica es justamente en este sector. Las mujeres representamos sólo el 4 % de las máximas autoridades de las cámaras empresariales y de las grandes empresas en la Argentina. Es  un dato sin duda preocupante, que tenemos que tener en cuenta y pensar qué es lo que podemos hacer para avanzar y para elevar la presencia de las mujeres en estos ámbitos. Si comparamos los datos en los diferentes niveles, otro dato que demanda la atención es que generalmente las mujeres tenemos mayor representación en los ámbitos nacionales. En el Ejecutivo Nacional en el año 2010 contábamos un 50 %. Hoy este porcentaje se mantiene. La vicepresidenta es una mujer. En el ámbito del poder legislativo, como decíamos, es gracias a la Ley de Cupo que tenemos casi  el 40 %. Esto es así en Diputados –siempre hablando de la Nación-, como en el Senado. El poder judicial es el ámbito donde el IPM está más crítico, porque en la Corte Suprema de la Nación en este momento hay solamente una integrante mujer. Pero si bajamos a los niveles provincial y municipal, vemos que IPM es muy crítico. La presencia de las mujeres a nivel municipal ocupando la Intendencia es menor al 10 %. En la provincia de Buenos Aires, de un total de 165 municipios, sólo cinco están encabezados por mujeres. Entonces esto nos parece que es fundamental para tener en cuenta –insistió-  y ver, pensar qué es lo que podemos hacer para cambiar esas barreras.”

   “Estos datos se  complementaron con los de otros ámbitos, que no fueron incluidos en este IPM; que también nos pareció importante considerar: ¿Cuál es la presencia a tenemos las mujeres en el ámbito de la cultura, de la ciencia y la tecnología? ¿Qué es lo que pasa en la educación y los medios de comunicación? En el ámbito  de la cultura es donde mejor estamos. Tomamos 73 instituciones, incluyendo bibliotecas, museos, secretarías, ámbitos oficiales. Ahí más o menos estamos casi rozando la paridad. Si vemos lo que pasa en la ciencia y la tecnología, que son fundamentales para el avance de las sociedades; ¿qué es lo que pasa en el Conicet y la Agencia? –Por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.- Ahí vemos que vamos bajando de ese 44 % de presencia en ciencia y tecnología. Pasa a ser un 21 % en puestos de máxima decisión. ¿Qué es lo que pasa en la educación, que como sabemos son espacios totalmente feministas en el Estado? Si tomamos la base de la pirámide y preguntamos cuántas mujeres son maestras, indudablemente la presencia de mujeres se acerque al 90 %. Pero si vamos subiendo y nos fijamos qué es lo que sucede en  los puestos de máxima decisión, vemos que las mujeres solamente ocupan un  15 % de esos lugares de responsabilidad. En este sentido el ámbito de la educación está bastante en conexión con lo que marca el IPM a nivel general, el 15.25 % por ciento en los distintos niveles. ¿Y qué es lo que pasa en  los medios en los medios de comunicación? La situación es totalmente crítica, solamente un 7.55 % de mujeres en los lugares de máxima decisión.”

Respuestas posibles

   “En nuestro análisis cuantitativo, dijimos que de 10 puestos de máxima decisión, sólo dos estaban ocupados por mujeres. Esto se asocia a problemas estructurales que tienen que ver con desigualdades profundas. Quería marcar algunas hipótesis que pueden estar detrás de este IPM general de un 15.2 %. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué las mujeres no llegamos a los puestos de máxima decisión? Tenemos la «foto», sabemos que somos pocas. ¿Por qué somos tan pocas? Se han elaborado tres metáforas explicativas que describen esas barreras invisibles, estructurales, que  impiden a las mujeres llegar a puestos de máxima decisión. No existe una ley que impide a las mujeres llegar; pero muchas veces operan los mitos. Por citar un ejemplo en el ámbito político, ¿en qué momento se toman las decisiones más  importantes? ¿Cuáles son los horarios de las reuniones clave en las que se decide el futuro de los partidos, de las candidaturas? ¿Dónde estamos las mujeres en esos momentos? Si se toman las decisiones a la una, a las dos de la mañana, generalmente las  mujeres estamos en casa  cuidando, ocupándonos de los quehaceres domésticos… Esto es lo que llamamos techo de cristal. Son barreras que existen pero que son invisibles. No es que algo que impide formalmente a las mujeres participar, sin embargo son las prácticas, los hábitos, los discursos que nos van excluyendo poco a poco a las mujeres de los lugares de toma de decisiones. Esto es fundamental  y tiene que ver con la cultura patriarcal y machista que divide los roles que corresponden a varones y mujeres. También se habla de laberinto de cristal, porque pensar en un techo de cristal… es como imaginar que las mujeres vamos subiendo progresivamente en la carrera, y de repente nos encontramos con un techo. Las mujeres que hacen política saben que no es así. No es que vamos subiendo por la escalerita mágica y de repente llega un techo. Las mujeres tenemos laberintos de cristal que son muy complejos, que tienen muchos vericuetos, donde generalmente nos chocamos y tenemos que volver atrás, tenemos que volver a empezar. A nosotros  nos parece más apropiada la metáfora de laberinto de cristal, porque nos parece que refleja mejor la complejidad de problemas con que nos encontramos las mujeres a lo largo de la carrera política, profesional y laboral.”

   “Por otro lado está la metáfora de suelo pegajoso. ¿Qué es el suelo pegajoso? Tiene que ver justamente con todos esos condicionantes estructurales y materiales que tienen las mujeres, no decimos ya para llegar a los puestos de máxima decisión; sino poder arrancar, poder salir de ahí. Y tiene que  ver muchas veces con la desigual distribución de las tareas de cuidado, porque ¿a quién le corresponden esas tareas de cuidado? ¿Qué es lo que pasa con el acceso a los recursos económicos? ¿Qué es lo que pasa con el acceso a los medios de comunicación? ¿Quiénes tienen esos recursos, cómo se operan todos esos factores materiales económicos? Incluso tiene que ver también con la posibilidad de ejercer una vida libre de violencia. Es lo que se llama un suelo pegajoso, lo que impide a las mujeres pasar a las posiciones de máxima decisión.”

   “Y por último tenemos una serie de factores que tiene que ver con otra de las metáforas: el techo de  cemento. Todas estas cuestiones subjetivas y de autoestima de las mujeres. De a poco y en base a toda la cultura machista los estereotipos que las mujeres vamos interiorizando y generando constituyen otro tipo de obstáculos para la participación política. Algo también muy significativo, vinculado con este techo de cemento se da por ejemplo con el uso de la palabra, con el uso de la palabra en el recinto. Si ustedes se fijan, de a poco van surgiendo investigaciones en relación a esto: el uso que hacen las  mujeres de la palabra es mucho menor que el de los varones. Tiene que ver con toda una socialización de quién debe usar la palabra; quién no debe usar la palabra; y dónde está la prioridad fuerte. Entonces nos parece que también es importante poder trabajar para reforzar la autoestima de las mujeres, para que las mujeres sepan que pueden ser políticas.”

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